El 64% de toda la ropa que se crea actualmente está hecha con microfibras derivadas del petróleo. ¿Qué consecuencias tiene para nuestra salud vestir con plástico?

¿Alguna vez te has parado a pensar que probablemente lleves ropa de plástico? No es una broma, sí, nuestra ropa también contiene plástico, y si no nos crees vamos a comprobarlo. Mira la etiqueta de la prenda que lleves. Si tiene un porcentaje de poliéster, nylon, acrílico o poliamida es que tu ropa está hecha de plástico. 

La industria de la moda es la segunda más grande del mundo y según Textile Network, en 2018 produjo aproximadamente 111 millones de toneladas métricas de tejidos, de los cuales el 71,1% eran materiales sintéticos. Cifras que se suman a la ONG Friends of the Earth que añadía que un 64% de toda la ropa que se crea actualmente está hecha con microfibras derivadas del petróleo.

El plástico fue uno de los materiales que caracterizó el siglo XX y firmó su contrato de permanencia hasta la actualidad. Su omnipresencia se debe, en parte, a que es barato de producir, resistente, flexible y además, ligero. Por eso tiene una gran variedad de usos: textil, utensilios de cocina, juguetes, informática, decoración… Durante décadas contó con una gran prensa y se describió como la panacea de la humanidad.  Pero esta aceptación y naturalización del plástico ha generado la dependencia de un material que se ha vuelto un  problema social y medioambiental. 

 

Microplásticos en la placenta

Uno de los principales problemas del plástico es que no se descompone, sino que se desintegra en partículas más pequeñas (microplásticos y nano plásticos) que acaban flotando en el aire, en el agua y también en nuestros organismos. Un estudio publicado en 2018 en el medio De Groene Amsterdammer demostraba que los microplásticos incluso pueden llegar hasta los bebés a través de la placenta

Pero la cara B de los microplásticos aún no se ha estudiado con firmeza y los pocos estudios que hay son relativamente nuevos. Algunos expertos apuntan que pueden desprender sustancias químicas nocivas que causan cáncer o pueden afectar a las hormonas. Unos efectos todavía inciertos y que la mayoría de la población mundial desconoce. 

Según la diseñadora y activista neerlandesa Nienke Hoogvlie en la publicación Roca Gallery:

Vestimos las prendas directamente sobre nuestra piel, nuestro mayor órgano. La mayoría de las personas ha oído hablar de los microplásticos y los nano plásticos y de cómo son una amenaza para la naturaleza, los animales y los humanos. Pero ¿qué efecto tiene el llevar prendas que contienen plástico sobre nuestro cuerpo?” 

 

Moda de plástico

Foto de GettyImages

Solo hemos tardado 70 años en contaminar la tierra con plástico. Y aunque este material nos ha aportado prosperidad e innovación, estamos pagando un alto precio por ello. 

150 años es el tiempo que tarda una bolsa de plástico común en degradarse. Una botella PET puede tardar 1.000 años en desaparecer. 

Por eso, llegados a este punto, no vale solo con reciclar. Sino que, siempre que sea posible, deberíamos evitar el uso y consumo de envases o productos envueltos de plástico, y sustituirlos por ejemplo, por productos a granel; envases biodegradables o hechos con materiales reciclados; bolsas de papel o tela; o botellas de vidrio o reutilizables. Y, de esta manera, empezar a utilizar plástico solo en aquellos productos cuya durabilidad sea un requisito esencial y buscar siempre que se pueda la alternativa ecológica.

Al final se trata de reconducir la situación, ser creativos y conscientes, para brindarnos un futuro mejor y más responsable.  En palabras de la diseñadora Vivienne Westwood: “Compra menos, elige bien, y haz que dure”. 

 
Escrito por Núria Messeguer
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